David llega tarde, o eso dice siempre. Tarde para el éxito en la música y tarde para ausentarse en el amor. Pudo subirse al carro del Xixón Sound, en los años noventa, pero él es un purista y aún lo llaman Rock. Quizá no tanto por su estilo, como le gustaría, ni mucho menos por su dureza, sino más bien por su carácter invariable: una mezcla de certeza y miedo que lo va erosionando día a día, año a año. David es parte pasiva de un fotograma de Gijón, repetido y encadenado, con dos palabras superpuestas sobre un cielo a veces limpio; una, «pretérito»; la otra, «nostalgia». Entre ellas, un espacio vacío.
Pero aun así, David protagoniza una comedia. Una comedia del drama, si se quiere; porque en ese entorno vencido que lo oprime o amamanta, hay mucho de sarcasmo autoinfligido; vías de escape en cada párrafo sobre una escritura ligera y limpia, liviana pero nunca simple, que va delimitando con precisión las esquinas de Olof, Ícaro, Ali...: personajes que trascienden la novela y, a su modo, atraviesan el túnel que David no supera.
El músico se enroca en los bares de Cimadevilla, en el paseo marítimo, en su hermana pequeña, y entre temas de Nick Cave, Nirvana, Tom Petty o Pearl Jam, descubre su wonderwall particular: una chica llamada Paula que amenaza con «salvarlo». Solo falta que David se atreva a irse, o que se quede varado como la gaviota gris de la que, presume, es su mejor canción: «It is the grey seagull / who does not dare to fly / only watches the waves / and cries of loneliness and grief».
'El túnel', de David Barreiro.
Pez de Plata (marzo de 2015).
lunes, 7 de mayo de 2018
sábado, 28 de abril de 2018
Homo Lubitz
Decía Jep Gambardella en un diálogo de La grande bellezza (Paolo Sorrentino, 2013) que Flaubert siempre había querido escribir un libro sobre la nada, sin conseguirlo. Y sobre la nada, o más bien sobre la angustia occidental ante el vacío, trata la nueva novela de Ricardo Menéndez Salmón, Homo Lubitz, un bello artefacto que planea sobre ideas universales —«madre», «padre», «hermana»; «poder», «caos», «riqueza»— para terminar desmembrado como todo aquello que ha ideado, idea o ideará nuestra especie.
El autor lo hace con su gratificante estilo líquido, que lleva rítmicamente al lector de una oración a otra, y sin temor a encarar cada concepto como si fuese el primero en definir esas palabras que reverberan en el tiempo. A través de sucesos sin aparente conexión —una conspiración láctea, un «accidente» de avión en Los Alpes, la sombra creciente de un vampiro—, teje una trama donde destaca su visión sobre el ser humano, su voluntad de seguir estudiando nuestro carácter como el forense que estudia el cuerpo que yace. De ubicar un espejo frente a la realidad.
Y en ese juego de reflejos, donde personajes reales también pasan a formar parte de la fabulación, destaca la presencia del director David Cronenberg, que en un futuro cercano, tras la presentación de su última y repudiada película, deja algunos apuntes sobre la naturaleza de nuestro tiempo, sobre el sabernos desnudos frente al vacío que algún día llegará; sobre nuestras anomalías físicas y, en especial, sobre aquellas que nos mueven en este extraño planeta.
'Homo Lubitz', Ricardo Menéndez Salmón.
Seix Barral, 2018.
El autor lo hace con su gratificante estilo líquido, que lleva rítmicamente al lector de una oración a otra, y sin temor a encarar cada concepto como si fuese el primero en definir esas palabras que reverberan en el tiempo. A través de sucesos sin aparente conexión —una conspiración láctea, un «accidente» de avión en Los Alpes, la sombra creciente de un vampiro—, teje una trama donde destaca su visión sobre el ser humano, su voluntad de seguir estudiando nuestro carácter como el forense que estudia el cuerpo que yace. De ubicar un espejo frente a la realidad.
Y en ese juego de reflejos, donde personajes reales también pasan a formar parte de la fabulación, destaca la presencia del director David Cronenberg, que en un futuro cercano, tras la presentación de su última y repudiada película, deja algunos apuntes sobre la naturaleza de nuestro tiempo, sobre el sabernos desnudos frente al vacío que algún día llegará; sobre nuestras anomalías físicas y, en especial, sobre aquellas que nos mueven en este extraño planeta.
'Homo Lubitz', Ricardo Menéndez Salmón.
Seix Barral, 2018.
viernes, 6 de abril de 2018
Silencio tras el telón del sueño
Asturias, Navidad de 1966. «En eso que llamas "la vida real" nunca puede pasar nada extraordinario», contesta Pedro Velasco, uno de los protagonistas de Silencio..., cuando su hermano censura su decisión de convertirse en pintor. Y sin dejar espacio para una respuesta ingeniosa, Pedro continúa a lo suyo, y regresa a Madrid y poco después se exilia en Londres, buscando una verdad antigua y enterrada en su subconsciente, un sentido manifiesto que le revele el significado de la vida a través del arte.
Lo extraordinario. Tan inasible como ese supuesto sentido, se presenta la otra protagonista de la novela, Kay Quirós, una mujer de la alta burguesía madrileña que, frente al carácter reflexivo y (en gran parte) pasivo de Pedro, se muestra activa y vital, se niega a ser catalogada dentro de un sustantivo común («hija», «esposa», «madre») y se adueña del futuro hasta que ya no queda futuro que domar.
Estas dos fuerzas, Pedro y Kay, opuestas a la idea de «amor romántico», pero no obstante leales la una a la otra, se separan y se encuentran, adelante y atrás en el tiempo narrativo, a través de la época que les ha tocado vivir: el final de la dictadura franquista, un Londres que para ellos no se presenta tan prometedor, el colapso creativo de Velasco en Alaska o el momento en que los años pasados multiplican a los que quedan por venir. Sexo, amor, desilusión, literatura, música, poesía, humor; apuntes sin adornos ni nostalgia sobre dos personajes, sellados en la misma moneda, antes de que caiga el telón y llegue el silencio.
'Silencio tras el telón del sueño', Mariano Antolín Rato.
Lo extraordinario. Tan inasible como ese supuesto sentido, se presenta la otra protagonista de la novela, Kay Quirós, una mujer de la alta burguesía madrileña que, frente al carácter reflexivo y (en gran parte) pasivo de Pedro, se muestra activa y vital, se niega a ser catalogada dentro de un sustantivo común («hija», «esposa», «madre») y se adueña del futuro hasta que ya no queda futuro que domar.
Estas dos fuerzas, Pedro y Kay, opuestas a la idea de «amor romántico», pero no obstante leales la una a la otra, se separan y se encuentran, adelante y atrás en el tiempo narrativo, a través de la época que les ha tocado vivir: el final de la dictadura franquista, un Londres que para ellos no se presenta tan prometedor, el colapso creativo de Velasco en Alaska o el momento en que los años pasados multiplican a los que quedan por venir. Sexo, amor, desilusión, literatura, música, poesía, humor; apuntes sin adornos ni nostalgia sobre dos personajes, sellados en la misma moneda, antes de que caiga el telón y llegue el silencio.
'Silencio tras el telón del sueño', Mariano Antolín Rato.
Editorial Pez de Plata (primera edición: noviembre de 2017).
lunes, 5 de febrero de 2018
Café Budapest
29 de noviembre de 1947: la Asamblea General de la ONU, con sede en Nueva York, está cerca de aprobar la creación del estado de Israel. 29 de noviembre de 1947: las vidas de la gente común, en Jerusalén, están a unas horas de cambiar de un modo que ni imaginan: la convivencia entre distintas religiones y etnias, que hasta entonces es natural y fluida, se ve congelada y rota por fuerzas contrapuestas y no siempre claras. Poco antes, un joven violinista judío, Yechezkel Damjanich, llega con su madre a Palestina, huyendo de la miseria y buscando a su tío Yosef, quien regenta un local en la Ciudad Santa: el Café Budapest.
Este es el «sumario» del segundo trabajo de Alfonso Zapico (Blimea, Asturias, 1981), de una obra previa, aunque para nada inferior, a cómics tan conocidos y reconocidos como Dublinés y los dos primeros tomos de la trilogía La balada del norte. Publicado en 2008, Café Budapest narra la historia del optimista Yechezkel, de su madre traumatizada y de su tío repudiado, pero también de una serie de personajes cercanos, y tan ficticios como ellos, que orbitan en torno al tranquilo local, un punto de reunión que sirve para evocarnos el verdadero Jerusalén de entonces: judíos, árabes o ingleses se mezclan y beben en paz entre dos guerras brutales; una ya terminada, aunque todavía humeante, y otra en gestación, de naturaleza oportunista.
Es en este ambiente donde se ven atrapados los personajes del autor, quien valiéndose de un humor tierno y blanco en la intimidad de sus creaciones y de un trazo crudo y preciso cuando la violencia les golpea, dibuja un relato en donde no hay espacio para la épica, en donde los protagonistas han perdido hace ya tiempo y la única salida razonable está en evitar las botas macizas de quienes deciden sus destinos a 9.000 kilómetros de distancia. Tirando del hilo de esta historia, se puede entender mejor el tiempo en que vivimos cada uno de nosotros, «ficticios» o no, como resultado estoico de una suma de voluntades fieramente individualistas.
'Cafe Budapest', de Alfonso Zapico.
Astiberri Ediciones (cuarta edición: junio de 2014).
Este es el «sumario» del segundo trabajo de Alfonso Zapico (Blimea, Asturias, 1981), de una obra previa, aunque para nada inferior, a cómics tan conocidos y reconocidos como Dublinés y los dos primeros tomos de la trilogía La balada del norte. Publicado en 2008, Café Budapest narra la historia del optimista Yechezkel, de su madre traumatizada y de su tío repudiado, pero también de una serie de personajes cercanos, y tan ficticios como ellos, que orbitan en torno al tranquilo local, un punto de reunión que sirve para evocarnos el verdadero Jerusalén de entonces: judíos, árabes o ingleses se mezclan y beben en paz entre dos guerras brutales; una ya terminada, aunque todavía humeante, y otra en gestación, de naturaleza oportunista.
Es en este ambiente donde se ven atrapados los personajes del autor, quien valiéndose de un humor tierno y blanco en la intimidad de sus creaciones y de un trazo crudo y preciso cuando la violencia les golpea, dibuja un relato en donde no hay espacio para la épica, en donde los protagonistas han perdido hace ya tiempo y la única salida razonable está en evitar las botas macizas de quienes deciden sus destinos a 9.000 kilómetros de distancia. Tirando del hilo de esta historia, se puede entender mejor el tiempo en que vivimos cada uno de nosotros, «ficticios» o no, como resultado estoico de una suma de voluntades fieramente individualistas.
'Cafe Budapest', de Alfonso Zapico.
Astiberri Ediciones (cuarta edición: junio de 2014).
viernes, 2 de febrero de 2018
El gigante enterrado
Quizá no sea su libro más redondo, tampoco el más pulido —puede entenderse que haya cierta decepción—, pero lo que nadie puede negar es que Ishiguro vuelve a dejarnos, con El gigante enterrado (2015), un relato sobre el que volver y volver en la memoria, una ensoñación en que la niebla quita y da, espanta los recuerdos y luego se disipa,y lo que después llega es luz que nos descubre, desnudos y minímos, junto a Sileno, que ríe.
La aún reciente novela de Ishiguro narra el viaje de una pareja de ancianos en sus últimos años, apartados en la aldea en la que viven, sin derecho siquiera a una vela que los alumbre en las noches pobladas de trasgos, duendes y ogros. Pero Axl y Beatrice (así los llamamos, para abreviar) se rebelan, no quieren diluirse en la niebla que lame su tierra postartúrica, borrando al paso los recuerdos de sajones y britanos; así que un día deciden salir al encuentro de su hijo perdido, haciendo bueno eso de que, al fin y al cabo, la literatura es narración o consigna del trayecto.
Adornada de referencias fantásticas, en un mundo donde un dragón hembra respira, es en la sencillez de esta pareja donde reside el mayor interés de la historia. Otra figura, la del barquero, un espejo de Caronte disfrazado de buenas intenciones, también se alarga sobre un relato en que la aventura nunca acaba de hacerse completa, en que el conflicto deja un rastro de muerte y pena, nunca la sensación de victoria tantas veces cantada en las epopeyas, esa alegría artificial e infundada de quien sobrevive una hora más. Todo, discurriendo bajo el diálogo (y su negación) de Axl y Beatrice, dos personas que han permanecido juntas pese a los problemas enterrados, que se aman con sus aciertos y, sobre todo, con sus errores. Con la compasión de quienes saben que van a desaparecer.
Quizá juntos. Ojalá.
'El gigante enterrado', Kazuo Ishiguro.
Editorial Anagrama (tercera edición: octubre de 2017).
Título de la edición original:
'The Buried Giant' (Faber & Faber, 2015).
La aún reciente novela de Ishiguro narra el viaje de una pareja de ancianos en sus últimos años, apartados en la aldea en la que viven, sin derecho siquiera a una vela que los alumbre en las noches pobladas de trasgos, duendes y ogros. Pero Axl y Beatrice (así los llamamos, para abreviar) se rebelan, no quieren diluirse en la niebla que lame su tierra postartúrica, borrando al paso los recuerdos de sajones y britanos; así que un día deciden salir al encuentro de su hijo perdido, haciendo bueno eso de que, al fin y al cabo, la literatura es narración o consigna del trayecto.
Adornada de referencias fantásticas, en un mundo donde un dragón hembra respira, es en la sencillez de esta pareja donde reside el mayor interés de la historia. Otra figura, la del barquero, un espejo de Caronte disfrazado de buenas intenciones, también se alarga sobre un relato en que la aventura nunca acaba de hacerse completa, en que el conflicto deja un rastro de muerte y pena, nunca la sensación de victoria tantas veces cantada en las epopeyas, esa alegría artificial e infundada de quien sobrevive una hora más. Todo, discurriendo bajo el diálogo (y su negación) de Axl y Beatrice, dos personas que han permanecido juntas pese a los problemas enterrados, que se aman con sus aciertos y, sobre todo, con sus errores. Con la compasión de quienes saben que van a desaparecer.
Quizá juntos. Ojalá.
'El gigante enterrado', Kazuo Ishiguro.
Editorial Anagrama (tercera edición: octubre de 2017).
Título de la edición original:
'The Buried Giant' (Faber & Faber, 2015).
viernes, 22 de diciembre de 2017
Miedo
El miedo infantil puede tomar forma de muñeco parlante, de criatura de otro mundo o de sombra creciente en un pasillo mal iluminado. Tiene mil formas y cada uno recuerda sus propias versiones con especial intensidad, ya que pueden acompañarte durante días o semanas, meses o años. Los primeros miedos pueden tener una base (el agua, la altura) o ser completamente irracionales (el fantasma que viene cuando pronuncias su nombre tres veces); pero, con los años, normalmente quedan atrás. Y los recuerdas entre risas, haciendo buena la definición de comedia que resulta de la suma de tragedia y cierto tiempo.
En el álbum infantil ilustrado Miedo (escrito por Milio'l del Nido y dibujado por Alberto Sastre), asistimos al relato en primera persona de un niño sin nombre, porque podríamos ser cualquiera de nosotros. El niño se enfrenta a dos miedos distintos. Uno con raíz en la tierra —el miedo a mudarse, junto al resto de la familia; a cambiar de casa y colegio, de ambiente y amigos; el temor, en definitiva, a ser aceptado de nuevo—; y otro de origen más bien irracional —ese sonido inesperado que te crispa los nervios y el lomo, que no parece nada, pero que se repite, y no se te ocurre otra cosa que ir a ver qué pasa...
Dice Milio'l del Nido que aun cuando «ya no eres niño», el miedo «sigue ahí, al acecho», que debes enfrentarte a él para poder seguir adelante. Y que quizá sea en ese momento cuando te alcance la mejor sensación de todo el proceso: un escalofrío, mezcla de temor y orgullo, que te invita a crecer y superar la etapa en que crees que todo puede solucionarse por arte de magia. Miedo te invita a sentir uno de esos escalofríos de la mano de un texto sugestivo y unas imágenes magníficas, que te recuerdan las noches en vela o aquellas pesadillas dentadas con final feliz: el momento en que despertabas y ya era de día.
'Miedo', de Milio'l del Nido y Alberto Sastre.
(Pintar-Pintar Editorial, 2016; edición original en asturiano).
En el álbum infantil ilustrado Miedo (escrito por Milio'l del Nido y dibujado por Alberto Sastre), asistimos al relato en primera persona de un niño sin nombre, porque podríamos ser cualquiera de nosotros. El niño se enfrenta a dos miedos distintos. Uno con raíz en la tierra —el miedo a mudarse, junto al resto de la familia; a cambiar de casa y colegio, de ambiente y amigos; el temor, en definitiva, a ser aceptado de nuevo—; y otro de origen más bien irracional —ese sonido inesperado que te crispa los nervios y el lomo, que no parece nada, pero que se repite, y no se te ocurre otra cosa que ir a ver qué pasa...
Dice Milio'l del Nido que aun cuando «ya no eres niño», el miedo «sigue ahí, al acecho», que debes enfrentarte a él para poder seguir adelante. Y que quizá sea en ese momento cuando te alcance la mejor sensación de todo el proceso: un escalofrío, mezcla de temor y orgullo, que te invita a crecer y superar la etapa en que crees que todo puede solucionarse por arte de magia. Miedo te invita a sentir uno de esos escalofríos de la mano de un texto sugestivo y unas imágenes magníficas, que te recuerdan las noches en vela o aquellas pesadillas dentadas con final feliz: el momento en que despertabas y ya era de día.
'Miedo', de Milio'l del Nido y Alberto Sastre.
(Pintar-Pintar Editorial, 2016; edición original en asturiano).
jueves, 21 de diciembre de 2017
El lenguaje de las olas
Es difícil pasear por la librería sin detenerse en este álbum ilustrado, escrito por Magela Ronda y dibujado por Esther Gili —en ambos casos con detalle y delicadeza—. El lenguaje de las olas narra la historia de Cian y Olmo, dos personajes antagónicos cuyo carácter va variando como lo hace el estado de la mar. Unas veces, el mar se pica, otras parece desapacible, en ocasiones gobierna en él la calma que precede a la tormenta.
Con más poesía que prosa, y salpicada de realidad y fantasía, la historia de Cian y Olmo echa raíces en Cian niña, quien pasea distraída por la playa, cuando una ola perdida cubre sus pies por azar y, deteniéndose en el acto (olvidando «cadencia y tarea»), anuncia la existencia de la humana a través del océano. Así, Cian se convierte en una criatura marina y mágica que sobrevive a duras penas lejos de la costa. Ya adulta, vuelve a la orilla.
Allí la encuentra Olmo, terroso y dividido, en busca del estilo propio que le niega su violín, más preocupado, al inicio, por la técnica que por la emoción. Olmo toca de manera «impecable», pero se siente vacío; no termina de encontrarse mientras que Cian le abre su vida y su tienda de remedios, y le invita a quedarse dentro. Un relato, en definitiva, que habla de amor y hechizo y, sobre todo, de cómo enfrentarse al desamor y sus esquinas.
'El lenguaje de las olas', de Magela Ronda y Esther Gili.
Primera edición: 2017 (Astronave).
Con más poesía que prosa, y salpicada de realidad y fantasía, la historia de Cian y Olmo echa raíces en Cian niña, quien pasea distraída por la playa, cuando una ola perdida cubre sus pies por azar y, deteniéndose en el acto (olvidando «cadencia y tarea»), anuncia la existencia de la humana a través del océano. Así, Cian se convierte en una criatura marina y mágica que sobrevive a duras penas lejos de la costa. Ya adulta, vuelve a la orilla.
Allí la encuentra Olmo, terroso y dividido, en busca del estilo propio que le niega su violín, más preocupado, al inicio, por la técnica que por la emoción. Olmo toca de manera «impecable», pero se siente vacío; no termina de encontrarse mientras que Cian le abre su vida y su tienda de remedios, y le invita a quedarse dentro. Un relato, en definitiva, que habla de amor y hechizo y, sobre todo, de cómo enfrentarse al desamor y sus esquinas.
'El lenguaje de las olas', de Magela Ronda y Esther Gili.
Primera edición: 2017 (Astronave).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





